Por Diana Carolina Yepes, auxiliar Biblioteca Pública Gabriel García Márquez
Cada miércoles, a las dos de la tarde, en la Sala de Literatura de la Biblioteca Pública Gabriel García Márquez se reúne un club: el Club del Adulto Mayor. Sus integrantes, almas jóvenes y enamoradas, empiezan a llegar a la biblioteca a la una de la tarde. Es una cita anunciada.
Ansiosos, se acercan al punto de información preguntando si efectivamente el Club se realizará ese día, a la misma hora y en el mismo lugar. Aunque saben que el Club los espera sin falta, prefieren cerciorarse de no llegar tarde a tan anhelado encuentro. Sus rostros dibujan una sonrisa inmensa al recibir un sí como respuesta, pues han esperado ocho días para nuevamente emprender una aventura por el pasado. Ese pasado lleno de alegrías, nostalgias y amores imposibles.
Escuchar sus historias es viajar y disfrutar de una grata infancia en el campo; a veces, es recordar con cierta nostalgia los trabajos pesados que se hacían desde pequeños; también es estremecerse por los relatos de las guerras vividas y anhelar cumplir sus sueños inocentes; es querer revivir aquellas picardías revolucionarias, bailar al son de sus grupos musicales, es arriesgarse a preparar sus más preciadas recetas de cocina y, porqué no, intentar curar las dolencias con los remedios caseros, esos de agüitas y hierbas. Aunque a veces, también hay espacio para el silencio, ese que representa la tristeza y el recuerdo de los que ya no están.
Verlos reunidos hablando, dibujando, tejiendo y hasta cantando, es entender la historia desde el corazón.
Este texto está inspirado en André Maurois y su frase: “El arte de envejecer es el arte de conservar alguna esperanza.